sábado, 20 de junio de 2009

Resaca


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Me bajo del caballo y junto hongos que nacen desde bajo el excremento de las vacas. Las de caballo no sirven. La rosilla, nerviosa, me complica la vida cada vez que vuelvo a montar, caminando. Sorteando manantiales junto al monte del Rosario veo de reojo las osadas de chanchos jóvenes mientras mi cabeza arde bajo nubes inmóviles. Es la última vez antes de partir. Mi pantalón se pega bajo el recado y por mi cuello corre el sudor sobre la piel casi a punto de resquebrajarse mientras desde el cerro de piedra miro al bajo que oscurece. Comienza a ocultarse el sol. El cielo tiene ya la sombra de la Tierra. No siento que vaya a extrañar. Siento que voy a volver, posiblemente de paso, como hoy, algún día. Me duele un poco decidir abandonar lo que fui, pero puede más la curiosidad.

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Me bajo del auto, con nauseas. Abro el capot y saco la bolsa aun sin abrir, podrida. No los voy a probar. Perdí mi oportunidad y no me importa mucho. La tiro junto al camino. Tengo sed y me pica la barba. Me causa placer tener puestos los lentes de sol. Cruzo la isla de eucaliptus hacia la cascada. Se siente una milonga y griterío de inconscientes adoradores de baco. Miro a mi izquierda y me sonríe triste.
-Porqué te vas?
-Puede que porque nunca me fui y ahora parece ser el momento
-Vos tendrías que casarte con una estanciera con plata y tener hijos
-Bueno, empezá a capitalizar entonces

Le hago una guiñada. Ninguno de los dos creemos en el futuro más allá de hoy.

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-Hola, si, decime... entregaron los resultados de los trabajos finales del tercer nivel?
-No, pero tienen fecha límite para mañana porque el lunes comienzan las inscripciones
-El lunes tengo que irme... puedo empezar mañana el trámite del título? Qué tengo que llevar?
-Bueno, primero vas a tramitar el egreso, después es el trámite de conversión del certificado de egreso para obtener el título, pero si, podés tramitar ya si querés
-Qué llevo?
-Una carta al consejo solicitando el egreso de la carrera. Bueno... podés empezar también el trámite de conversión. Tenés que traer una partida de nacimiento y la fotocopia de la cédula.
-Ok gracias. Mañana paso.
-Acordate que para el título tenés que estar en el pais para aceptarlo, sino queda pendiente
-Ah, ok, gracias

Campera de cuero gastada

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...Voy a llamar, voy a preguntar quien es el oficial al mando, voy a anotar su nombre mientras me hago el confundido.. no era fulano? a qué seccional estoy llamando? Ah disculpe.. y voy a colgar. Voy a esperar tres días. Después voy a llamar otra vez y voy a pedir para hablar con él, como si ya lo conociera.

hola, señor fulano de tal. Lo llamo porque alguien que conocí me contó que una vez le hizo una pregunta complicada y usted le dió una respuesta sensata.

quien habla

alguien que tiene una pregunta

diga

por determinada razón quedé en la calle. ahi conocí a esa persona que me recomendó hablar con usted. encontre una casa abandonada y la estoy ocupando. quiero saber que derechos tengo y que tengo que hacer en caso que la policía golpée a mi puerta...

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en la casa del ocupa alguien deja un alfajor de chocolate, una coca light, una bolsa de nueces del litoral, unos besos. mañana sale para alemania a las 7, con miedo de encontrarse con su destino.
en palm beach alguien atiende hasta tarde un mostrador de hotel. cena sopa campbells, gatorade y galletas mientras chatea con emoticones.
en barcelona alguien se acuesta tarde todavia masticando la ilusión y la angustia de cambiar por un trabajo peor pago para cursar actuación. su foto en la pagina de la academia augura buena suerte.
alguien, tirado sobre sábanas sin ribetear de satén negro, en una casa vacia, colgado del router de algún vecino, postea en un blog.

Calor de alcohol





El hombre saca un grabador de cinta a microcasetes. Tiene una grabadora de mp3, pero hoy se levantó retro. Soñó con un viaje en tren. En tren de carga. En vagón vacío de puerta abierta a un campo sin alambrados. Ese campo ya no existe, por supuesto.

-estoy enfermo. buscando un poco de contacto para desahogarme de mi mismo. conocen a alguien tan perfeccionista que no pueda trabajar en equipo, que considere que la poca fuerza puesta en un proyecto por los demás es mala voluntad, que no soporte ser insultado y reaccione violentamente? ese soy yo en estos dias. uno cambia continuamente, pero cambiar tanto a mi edad... ah.. tengo 35, atipico en el mundo blog, segun veo.

Dentro suyo piensa que no lo va a publicar. Se le ocurre, como un flash, justo antes de volver a hablar, la posibilidad remota de subir el audio en algún sitio de descarga y mandar correos anónimos a gente que no lo conoce muy bien.

-será que nunca voy a poder trabajar y aguantar la mediocridad? se solucionará si me voy a otro pais? al menos, se hará mas liviano soportar la mediocridad si la plata aumenta? no será como dice un amigo, que el problema se presenta cuando alguien quiere ejercer poder sobre mi? si es asi me la veo venir mal, porque en este mundo lamentablemente siempre se tiene a alguien por encima de uno, tomando desiciones que no siempre consideramos acertadas.

El botón de stop suena como un revolver de chiquilín, a resorte, a chapa elástica. Levanta el vaso de ron de encima de la cómoda y haciéndolo girar bajo su mano se acerca a la ventana. El cielo está blanco, sobre expuesto. En la vereda de enfrente una mujer de traje chocolate camina con los brazos a los costados, haciendo equilibrio sobre el cordón de la vereda, provocando la risa de un niño fuera de cuadro.
Huele el bouquet del alcohol y bebe mientras gira buscando un cigarrillo.

Vale la pena, de todos modos, no claudicar. Es libre quien se manifiesta tal cual es. Y la revista va a salir. Aunque sea una lucha constante evitar que se quieran apoderar de ella. 

gianluiggi trovessi de fondo.

domingo, 23 de noviembre de 2008

un abogado por favor.

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Cuando recién se mudó, venía de un ritmo que para una verdadera megápolis podría ser enervantemente tranquilo, pero para alguien criado en un pueblo de 20000 habitantes llegó a ser ruidoso, sucio e impersonal. El nuevo lugar era un suburbio, donde lo que abundaba era el ruido del viento de otoño en las ramas de naranjos, pinos y eucaliptos, canto de gallos que no conocen horario y sexo de gatos gordos por las noches.
Tuvo la mala suerte de vivir los años que estuvo lejos en apartamentos con fachada sur, lo que salvo pequeños errores de la naturaleza durante los más luminosos veranos, lo condenaba a ser esclavo de los reflejos que la suerte le regalara.
Nunca pudo criar más plantas que una espantosa y diminuta tuna, amiga de las arañas y sin flores, y por supuesto, la cebollita de verdeo se negó siempre a mantener una erección.
Cuando llegó aquí, reitero, los árboles le dieron la bienvenida con una brisa verde, húmeda y fresca que se reiteraba todos los días, y las plantas lo miraron extrañadas.
Llegaba a fines del verano, cuando las lluvias comenzaban y no era necesario regarlas, por lo que recién hoy, en medio de una anunciada y deshinibida sequía, se están conociendo personalmente. Antes de ayer supo que lo que consideraba un gomero era una camelia, por ejemplo, y hace unos días comprendió que las plantas que dan al este sufren más el sol y se desidratan, se oscurecen, luego amarillean, se resquebrajan, fallecen al fin.
Pero lo que más interesante le resultó entender, fue la ceremonia del riego.

Trabaja con su computadora, lo que quiere decir que pasa mucho tiempo frente a ella, la mitad trabajando, la mitad navegando, dedicandose a mirar estrellas que revientan frente a sus ojos, música que había olvidado, noticias en lenguas que no entiende, emociones que quiere aprender a sentir. El tiempo que no está frente a su máquina es tiempo robado a una adicción, pero nunca se había quejado, al menos hasta ahora.
Cuando comprendió que las plantas, algunas, se mueren de sed, que no sobreviven naturalmente en la hostilidad de algunos extremos climáticos, la perspectiva del riego le resultó pesada, aburrida, tiempo perdido, trancado junto a la manguera, distribuyendo el líquido vino de la naturaleza por cuotas entre clientes fijos, trabajo de repartidor, burocracia del angel de la guarda de las campanillas y los helechos.
A regañadientes caminaba de planta en planta portando el cilindro de goma chorreante, al atardecer, entre la puesta de sol y la verdadera desaparición de la luz. Le parecía que pasaba una eternidad entre el momento en que el agua tocaba la tierra de una maceta y aquel cuando el nivel llegaba al límite, desbordándola.
Por momentos odiaba las hortensias, su fragilidad, su absoluta dependencia, su velocidad al morir, su liviandad, su huecura al ya no valer la pena.
Poco a poco la idea fue cambiando. Primero se vio jugando con la manguera como si fuera un apéndice suyo, como si fuera un niño conociéndose por primera vez. Varias veces debió parar la ceremonia para asistir a un evento que se llevaba a cabo en su baño, porque lo simil en algunos casos llama a lo parecido. Otras se entretuvo regando el pasto transformándose en un automatismo giratorio graduado, intentando moverse en un tiempo rítmico exacto, no sobrepasando un área específica, mientras lo veía o lo imaginaba reverdecer. Otras olvidó por un momento lo que hacía y dejó desbordarse los canteros mientras se perdía en el aroma a tierra mojada, preguntándose como guardar vividamente un recuerdo así.

Actualmente riega todo. Los sectores sin pasto, a ver si se les ocure cambiar; los dormideros de los promiscuos trepa-techos, los perros que pasan, que giran y le ladran o se van al menos sorprendidos, pero sobre todo mojados; los sectores de cemento, solo por sentir el vapor dulzón que exhalan; los árboles que no son frutales, solo por vicio.
Ultimamente riega descalzo, pinchándose los piés con la pinocha, mojándoselos descuidadamente, dejando correr el agua entre sus dedos, pisando el barro aromático de una forma tan lúdica que cuando se da cuenta se ruboriza y sonrie en su intimidad.
A veces piensa que alguien debería pagarle por los años que no pudo disfrutar de estos placeres. Pero, a quien le hace juicio?