No me acabo de levantar con sed, en medio de la noche, escuchando los ruidos de patadas que derriban puertas, ni gritos de personas arrastradas contra su voluntad, ni disparos que acallan dolores, resistencias.
No estoy siendo testigo en este momento de novedosos métodos de cohersión, de tecnológicos medios de control a distancia no tenidos en cuenta, de terremotos activados por medios no percibidos, de epidemias preparadas en laboratorios, de sequías e inundaciones diseñadas por medios todavia desconocidos por quienes cruzan la calle en el semáforo de la esquina, considerados fantasiosos por los medios, tildados de paranoias apocalípticas.
No estoy huyendo a campo traviesa con mi pequeño panel solar, mi sobre de dormir, mi mochila, a ocultarme en las cuchillas, leyendo manuales de supervivencia en una portatil de bolsillo, perdiéndome entre los montes prohibiéndome hacer grandes fuegos nunca nocturnos.
Me despertó la radio. La voz me hace adivinar una total resignación. Ni siquiera angustia.
Nada de lo que está diciendo me parece raro. Me extraña, sin embargo, sentir que todo esto es esperable.
--------------------------------
Hay interferencia. Una sertaneja melosa que se queja de que ella no tiene ningúna intención de adaptarse a los planes de él. Se me ocurre que no podría ser amigo de un llorón como él y me hace sentir desgraciado mi falta de compasión.
"Estamos en dictadura"
La pausa antes de seguir permite oir que alguien solloza, y me pregunto si corresponde a la canción, que está terminando, o al locutor.
"...ya no tan encubierta como hace unos días, pero todavía no tan evidente como hace unas décadas.
Es, en realidad, la antesala, la etapa previa a una dictadura mundial, que todavía tardará en evidenciarse abiertamente, pero no mucho.
Ya veníamos siendo esclavos, por supuesto. Los salarios han sido siempre cada vez menores en comparación con lo que necesitamos. Los intereses nos tienen atados. vivimos más tiempo trabajando que disfrutando con nuestos intereses, nuestros afectos.
Esta vez -soy pesimista u optimista, dependiendo de la orientación de la lupa- la única posibilidad sensata es la no violencia.
Ni siquiera una no cooperación pacífica será aceptada. La represión no tendrá límites.
Demasiadas pruebas hay ya de que no se vacilará en arrasar con las barreras que se impongan y de que cada vez menos importarán supuestos derechos humanos ni valores éticos.
Al contrario: elegir la lucha armada es darles la oportunidad que están buscando, que siempre supieron aprovechar, de zanear desde hoy y por muchas generaciones todo foco de acción o pensamiento contrario a sus intereses, incluso aquellos no violentos pero peligrosamente incidentes en la mentalidad popular, dañinos para la configuración de su status quo, generadores de esperanza en futuros diferentes.
En un mundo en que los tontos, que no quieren pensar, son mayoría; en un mundo en que los ciegos, que no quieren ver, son los únicos probables testigos, aquellos que digan que no, serán borrados de la memoria del sistema, y su limpieza de pensamiento será sustituida por los más variados improperios, denigrada, antes de ser expuestos a la opinión pública.
Solo resta desear que los disidentes logren sobrevivir.
--------------------------------
Cuando estuve en la naval lo más preciado en la mesa era el cuadradito de membrillo. Era lo que nos quitaba los calambres.
Miento: si nos portabamos muy pero muy bien, es decir, si a nadie en el pelotón lo tenian que hacer pagar las diez -que eran catorce- y los superiores quedaban impresionados por la dedicación, y hasta el 108 quedaba bien parado, entonces nos daban una compoterita de crema. No se ría. Usted le miraba la cara a su superior y entendía que el regalo era sincero y que había orgullo en el gesto. Orgullo por nosotros. Y aunque no le gustara la crema le parecía lo más rico, porque estaba llena de honor.
Comíamos lo mínimo. Siempre queríamos más, pero nos terminaba gustando la sensación. Con el tiempo se nota que eso no es hambre. Es que la carne de uno se está comiendo todo lo que sobra, sin desperdiciar nada.
Si lo mataban los calambres y el dolor no le permitía levantarse una vez que caia, lo mandaban a enfermería, le daban una inyección en la nalga y en un rato quería salir a correr.
Nos levantabamos a las cuatro y nos acostábamos a las once. Y una hora de sueño era sustituida por la guardia, que era rotativa. La mejor era la primera guardia. Después de ella dormía de un tirón.
Entremedio todo era aprendizaje teórico unas horas y ejercicio durante... no recuerdo si eran ocho o diez. Mucho, extenuante, atravesando todos los límites físicos que creíamos tener.
Corríamos, hacíamos lagartijas sobre los nudillos de índice y medio sobre los adoquines, hacíamos sentadillas, nadábamos, hacíamos soga en el agua y colgando de una vía de tren. Y muchas otras cosas, no crea que era solo eso.
No se entrenaba los sábados ni los domingos. Esos días estudiábamos, y créame que nos mataba la ansiedad: queríamos ponernos a correr. Hacíamos lagartijas de cruz en los pasillos cuando nadie nos veía.
Lo peor era la "mimosa". Usted tenía que portarse muy mal o equivocarse en algo importante para que le tocara. Cinco quilos de metal todo el día en peso, sin tocar el cuerpo, sostenido. Los músculos se le agarrotaban. En un año estaba más duro que cualquiera de estos muchachos de rutina de gimnasio.Quebraba las ramas sin sentirlas cuando corria por el monte.
O el arresto, en el que no podía usted hacer nada, pero pasaba mucho de pié, con dos guardias. Uno de ellos con balloneta calzada.
Lo mejor llega cuando ya hace uno o dos años. Nadie se acordaba de lo que se sentía cuando no le daba el aire, cuando le temblaban los abdominales al hacer lagartijas, y mucho menos las nauseas por correr demasiado, demasiado. No se acordaba uno, de verdad.
Ojalá nunca hayan guerras, nunca más, pero creo que todos, todos, en todo el mundo, deberían tener por lo menos como en Brasil, dos años de entrenamiento, pero no como los chimangos. Como nosotros, aunque fuera sin entrenamiento bélico, cosas de armas y eso. Usted pasa de una autoestima normal, casi anodina, la de cualquier persona, a estar seguro de que no hay cosa que no pueda lograr si se lo propone. No tiene dudas sobre si mismo, al menos respecto a si es o no es capaz. Eso es lo mejor que le puede pasar si usted es alguien que planifica al menos una parte de su vida.
Le digo más: las cárceles deberían ser eso: entrenamiento, no bélico pero riguroso, construcción de personalidades sanas, físicamente, con buena autoestima, con disciplina, con respeto, con ánimo gregario. Eso y planificación, estudio, orientación vocacional.
Una escuela de nobleza, no de ocio, como las penitenciarías actuales.
Abandoné porque nos apretaron la paga. Que no había plata, y nos tuvieron así varios días. Casi un mes. Nos trajeron gente que nos propuso un crédito, un préstamo ¿entiende? ...después teníamos que pagarlo, y con intereses. Ahi fue que les dije que quería la baja.
No sabe como extraño.
Mostrando entradas con la etiqueta autoestima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autoestima. Mostrar todas las entradas
martes, 14 de diciembre de 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
